EL ERROR DE LOS DIRECTIVOS DE CONFIANZA

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Joaquín Estévez, presidente de Sedisa. Redacción Médica

Joaquín Estévez, presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa), se ha quedado a gusto con sus jugosas y profusas declaraciones a Javier Barbado en una entrevista de obligada lectura que publica Redacción Médica. Casi ningún tema ha escapado al juicio voraz y a la crítica razonada de Estévez, cuya familiaridad con los medios vuelve a quedar de manifiesto, para regocijo de los gerentes, que le tienen como una muy autorizada voz de sus principales reclamaciones como colectivo. Comenzando por la profesionalización.

“Cuando cambia el partido en el Gobierno –a veces, incluso, solo con el cambio del consejero– se comete el error de nombrar a directivos de confianza, sea política o amistosa, en lugar de buscar a profesionales que sean evaluados en función de cómo cumplan sus objetivos”. En apenas tres líneas, Estévez devasta por completo el principal y casi único medio de selección de gerentes de hospitales públicos en la historia del Sistema Nacional de Salud. La confianza no sería, como muchos presuponen, un valor, sino todo lo contrario, un error, un inmenso error, como saludó –un decir- el historiador Ricardo de la Cierva a la elección de Adolfo Suárez por parte del Rey como presidente del Gobierno.

Abunda en la cuestión sin esforzarse, prueba de que el argumentario está bien trabajado: “Lo que no vemos lógico es que a un gran hospital acceda, como primer puesto de gestión, una persona que carezca de experiencia en otros puestos directivos previos, es decir, que se dé un salto, si lo comparamos con la carrera militar, de soldado a teniente coronel o a general sin haber pasado antes por el resto del escalafón, es decir, por puestos de menor entidad y responsabilidad en cuanto a presupuesto o en cuanto a número de profesionales”. Elemental, ¿verdad? Pues no ocurre esto precisamente en los hospitales, donde políticos sin experiencia sanitaria acaparan puestos de relumbrón en los principales hospitales del país.

Algunas administraciones parecen estar reaccionando a la larga reivindicación de Sedisa y apuntan hacia una mayor profesionalización de sus cuadros: Comunidad de Madrid, Andalucía, Castilla y León, Castilla-La Mancha… Pasos ilusionantes, pero todavía insuficientes. Y no gracias precisamente a los políticos, sino a los propios directivos, a través de sociedades como Sedisa, y también a los clínicos, que prefieren tener que discutir cómo se gestionan los servicios con profesionales capacitados, que sepan lo que es un hospital.

Que el gerente sea un profesional tiene una traducción muy sencilla e inmediata, que debería ser un argumento adicional para apostar decididamente por esta vía: “Lo fundamental –prosigue Estévez- es el convencimiento, por parte de quien nombra, de que el directivo de ese hospital o centro de salud haga un tipo de actividad que sea evaluada anual o semestralmente, y se le renueva según haya cumplido o no su plan de objetivos asistenciales y económicos”. Evaluación pura y dura y rendición transparente de cuentas: algo habitual en cualquier compañía privada. Pero todo un hito en el ámbito de los servicios públicos.

Estévez suelta otras verdades como puños referidas a temas controvertidos como los presupuestos sanitarios (“son falsos por insuficientes”), el acceso a fármacos innovadores (“lo sucedido con la hepatitis C va a pasar con otras patologías por lo general onco-hematológicas y de enfermedades raras. Y no está claro si España va a poder pagar esos medicamentos”) o el papel de las agencias de evaluación (“están coordinadas pero no bien utilizadas”). E incluso se atreve con confesiones personales: “No me fío de los políticos sanitarios porque, en general, las experiencias han sido malas”.

También defiende la posibilidad de ensayar con nuevas fórmulas de gestión, aunque precisa que al ciudadano no le afecta este debate, puesto que el sistema responde bien a las necesidades asistenciales, salvo quizá en accesibilidad y demoras. Eso sí, respecto a la gestión clínica, se enfada ostensiblemente con el Ministerio de Sanidad: “Han estado cuatro años mareando la perdiz sin hacer nada, si acaso una foto y buenas palabras, sin contar con las autonomías ni con los directivos”.

Y echa la vista atrás, intuyendo el enorme mérito de la misión desarrollada por Sedisa, que es también la suya: “Hemos cubierto un hueco. El directivo sanitario necesitaba una Sociedad que fomentase la profesionalización y la formación continuada de los directivos”.

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