PRIMARIA SE DILUYE EN LAS GERENCIAS ÚNICAS

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Salvador Tranche, la voz agónica de la Atención Primaria. (J.L.Pindado/Diario Médico)

Se acerca el Día de la Atención Primaria y el panorama del primer nivel asistencial no puede ser más desalentador, según ha reconocido Salvador Tranche, presidente de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc), a Francisco Goiri en Diario Médico. Entre sus muchas quejas, aparece una alusión directa a la gestión, en concreto, al empuje de las gerencias únicas en algunos servicios autonómicos de salud y su influencia directa en la práctica desaparición de la primaria en las decisiones importantes.

Según describe en detalle, “la gerencia única se limita a gestionar el personal a un nivel muy básico (calendario de trabajo, permisos, vacaciones…). Muchos centros de salud no tienen interlocutor a quien dirigirse y no hay una comunicación fluida entre el médico y los coordinadores de centros, que son, en muchos casos, personal de confianza o profesionales con poca capacidad de decisión”. Así las cosas, entiende que no hay otra salida que recuperar las gerencias de atención primaria, si se quiere intentar gestionar convenientemente este nivel asistencial.

No parece andar muy desencaminado el presidente de Semfyc, cuando, también en Diario Médico, el conselleiro Vázquez Almuiña promete recuperar el nombre de atención primaria en las estructuras organizativas de gestión integrada (EOXI). ¿Por qué? “Para que los profesionales de este nivel tengan una referencia clara en cada gerencia”, le cuenta a María R. Lagoa. Los cambios no se detendrán aquí: la Dirección General de Asistencia Sanitaria del Sergas dispondrá de un departamento de Atención Primaria. Todo para que el primer nivel vuelva a sentirse representado y atendido, quizá como antes de la aparición de las EOXI.

Si ya antes de la apuesta política por la gestión integrada la atención primaria sufría en sus propias carnes la preponderancia hospitalaria, con la desaparición administrativa de los niveles asistenciales, el primero ha terminado siendo la gran víctima. Era de temer, porque el sistema mantiene casi intactas sus fuertes inercias hospitalocentristas. Y como resultado, la integración asistencial ha terminado por penalizar a la primaria, que ya venía en franca desventaja con las perspectivas y, lo que es más importante, la financiación propia de la atención especializada.

La propuesta de Galicia es el reconocimiento implícito de que en el intento por promover la coordinación asistencial, que es lo que propicia en última instancia la aparición de gerencias únicas, la primaria sale efectivamente perjudicada. Y con ella, todo el discurso sanitario que sitúa al primer nivel asistencial como eje del sistema, puerta de entrada a una realidad muy diferente.

Con todo, Vázquez Almuiña insiste en que hay que seguir avanzando hacia la integración de niveles y la consulta única porque “hay que molestar al paciente lo menos posible”. Se diría que con la estructura clásica, en la que primaria y especializada están bien diferenciadas, el ciudadano que acude a los servicios sanitarios es el principal perjudicado. Pero parece que, con todos sus defectos, esta es la propuesta administrativa que asegura a primaria una autonomía mínima como para que sus problemas y necesidades puedan ser, al menos, mejor observados y posiblemente gestionados.

Es razonable dudar sobre el plan del conselleiro, puesto que hacer una cosa y la contraria nunca fue fácil. Su antecesora en el cargo, Rocío Mosquera -junto con su equipo, liderado por Nieves Domínguez al frente del Sergas- tenía claro que la apuesta por las gerencias únicas debía hacerse en todos los frentes: también en el del lenguaje. Por eso durante un tiempo la atención primaria desapareció del mapa sanitario gallego. Y también la especializada. Pero intentar conciliar ambas opciones -la integración, pero salvaguardando la clásica estructura de niveles-, como pretende ahora Vázquez Almuiña, parece responder más a cuestiones políticas que a las estrictamente gestoras que deberían guiar decisiones como estas.

La atención primaria no verá colmadas todas sus expectativas solo porque se comience a derribar el edificio, aún incompleto, de las gerencias únicas. Es posible que recupere algo de protagonismo, allí donde lo había perdido por completo. La gran cuestión es determinar si la coordinación asistencial, que parece intrínsecamente positiva para el paciente, solo se puede lograr caminando con decisión hacia la integración de niveles y la creación de áreas y gerencias únicas. En ese caso, quizá atención primaria deba olvidar sus peculiaridades e incorporarse a una nueva realidad organizativa en la que debería jugar un papel importante, pero sin ese perfil público tan definido y reivindicativo, que sigue cultivando todavía hasta hoy.

 

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