EL MODELO MADRID DE GESTIÓN HACE CAMINO

Cristina Cifuentesok

Camino se hace al andar y en la paulatina transformación de la condición y consideración de la figura del gerente sanitario en España acabamos de dar un paso importante. Se trata del proyecto de ley que establece un reglamento marco de estructura, organización y funcionamiento de hospitales y otros centros del Servicio Madrileño de Salud, que en la Consejería han acuñado hábilmente con el sobrenombre Modelo Madrid de Gestión y que puede convertirse perfectamente en el ejemplo de cómo deben gobernarse los centros sanitarios del futuro y cómo se debe elegir y reconocer a los directivos encargados de hacerlo.

El proyecto madrileño, que aún debe superar el visto bueno de la Asamblea regional para convertirse en ley, remite directamente a otro intento de profesionalizar la gestión, impulsado por la propia Administración, que protagonizó en la pasada legislatura la sanidad de Castilla-La Mancha, pilotada entonces por el hoy diputado José Ignacio Echániz. Aquella propuesta, que recibió no poca atención en su articulación y presentación, parece que no ha ido mucho más allá de lo que sus impulsores duraron en el cargo político. Suele ocurrir que las ideas más innovadoras y esperanzadoras se apagan en el mismo instante que cambia el estatus de sus autores.

Ahora la Comunidad de Madrid recupera aquella bandera y presenta un proyecto de ley que parte de una moción suscrita por todos los grupos políticos de la Asamblea y que pretende convertirse en un referente en cuanto a profesionalización de la gestión y también en participación de otros agentes en el gobierno de los centros sanitarios.

La presidenta Cristina Cifuentes, asesorada por su consejero Jesús Sánchez Martos, quiere gerentes que tengan la ética, la transparencia, el acceso a la información y el buen gobierno como principios básicos de su actuación. Es muy posible que ya lo sean, lo que pasa es que a partir de ahora pasarán a ser requisitos legales, y su incumplimiento generará consecuencias.

La elección de los directivos, como lleva tiempo demandando el colectivo, se realizará mediante convocatoria pública, “de concurrencia competitiva, mediante procedimientos reglados de selección que seguirán los principios de publicidad y transparencia”. Fin por tanto a la elección a dedo, a veces de buenos profesionales, otras no tanto, pero todos ellos marcados por un designio político que, a la larga, trae malas consecuencias.

El perfil del gerente se fijará en cada proceso selectivo. Habrá exigencias formativas, claro está, pero también se pondrá el foco en los conocimientos específicos de gestión, experiencias demostradas y resultados obtenidos lo que elevaría notablemente las cualidades de los futuros directivos.

Además, el Modelo Madrid de Gestión apuesta por la creación de juntas de gobierno para los hospitales, que funcionarían como órganos colegiados responsables de la administración y que tendrían la misión de supervisar la labor de los directivos y el cumplimiento de los objetivos. En estas juntas podrá haber profesionales de reconocido prestigio y representantes de los municipios en los que se ubique el centro, una fórmula que ya se da en los consorcios o en las empresas públicas que gestionan de otra manera algunos (pocos) hospitales de España. Está por ver, como se ha apresurado a criticar la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid, cómo se hará la elección de los miembros de estas juntas, condición clave para conocer su posible ecuanimidad a la hora de enjuiciar el trabajo de los gerentes.

Reforzando la línea estratégica de promover la participación en el gobierno de los centros sanitarios, el reglamento también prevé la creación de otros órganos en el que el protagonismo será para profesionales y pacientes. Todo ello para intentar que la gestión de los hospitales cobre una apariencia más democrática y menos discrecional.

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