LA INDISCUTIBLE SANIDAD (PÚBLICA) DEL FUTURO

felipe gonzalez reivindica el legado sanitario del psoe para mirar a futuro
González y Martínez Olmos anticipan el futuro: la sanidad seguirá siendo pública. (M. Fernández de Vega / Redacción Médica)

La Sanidad lleva años sumida en algunos debates estériles, que no responden a una verdadera confrontación de pareceres sino más bien a intereses políticos, pero que se mantienen incombustibles en la agenda, como si la opinión pública no pudiera vivir sin su cíclica y controvertida manifestación. Uno de ellos es el de la sanidad pública o privada, que en realidad no existe porque el Sistema Nacional de Salud (SNS) es público y bien público. Y está bien que así sea. Pero hasta el expresidente Felipe González ha vuelto sobre este clásico, como una opinión obligada, como una especie de cuestión previa, para que nadie se haga líos. Y ha dicho que la sanidad, por encima de cualquier otra consideración, debe ser pública. Lógico.

¿Qué otra cosa se esperaba del que se puede llamar, con absoluta propiedad, uno de los padres del actual SNS? De hecho, su convicción en que la sanidad debe ser pública se ha acrecentado con los años, al comprobar en sus múltiples viajes por los más diversos países que, en el fondo, casi todos buscan una respuesta sanitaria muy parecida a la que tenemos aquí en España. Hasta los mismísimos Estados Unidos. Otra cosa es lograrla como aquí lo hemos hecho, que es lo que Felipe ha vuelto a poner en valor con motivo de la presentación del libro El futuro de la Sanidad en España, del senador José Martínez Olmos.

El concepto de lo público, que insisto, a mí no me parece que nadie ponga en duda sincera, prevalece sobre cualquier otro en la Sanidad, a juicio de González. Lo sitúa por delante del de la gestión, al que resta valor. Qué más da si la gestión es pública o privada si el sistema es incuestionablemente público, y así lo asume la sociedad, defendiendo su mantenimiento y aceptando sus costes, en forma de déficit. Con este principio, todo resultará más fácil, parece insinuar el expresidente, hasta los debates más interesantes que, estos de verdad, sí tiene planteados el SNS: el acceso a tratamientos y servicios, la equidad, la cohesión entre territorios…

El triunfo de lo público, de un sistema que, por ser, es hasta perfectamente sostenible, según ha recordado Martínez Olmos, intentando rebajar los humos de esos agoreros que vienen adelantando el colapso desde hace tiempo -pero este no termina de llegar, incluso se superan crisis y se atraviesan períodos de ajustes y la sanidad sigue respondiendo-. Y sigue siendo pública, aunque a estas alturas ni los más convencidos miembros de las Mareas teman ya la privatización.

El futuro del SNS es indiscutiblemente público. No solo en su financiación sino también, aunque no se diga tan expresamente, en su gestión. Llega tarde por tanto la evidencia de que la gestión privada no era tan mala como algunos presuponían y que el modelo Alcira no era una oscura manera de contribuir al lucro de aseguradoras y empresas relacionadas con la salud por negocio sino más bien una alternativa muy interesante para explorar las posibilidades de colaboración entre ambas esferas. Seguramente ya no sirva para mucho, pero el libro Colaboración público-privada en sanidad: modelo Alcira parece demostrar que las concesiones de la Comunidad Valenciana, que ahora mismo se encuentran en vías de extinción, no tienen nada que envidiar al rendimiento y a la eficiencia de los hospitales de la red pública. Más de uno nos temíamos esta conclusión.

Es posible que la consellera Carmen Montón no se sienta aludida por el libro de la Fundación Gaspar Casal y que siga adelante con su propósito de recuperar las concesiones y devolver las áreas sanitarias gestionadas por la privada al ámbito público. La suya no será, desde luego, una decisión técnica, sino puramente política. Legítima, sin duda, pero endeble desde el punto de vista de los resultados. Aunque, al fin y al cabo, importante en su contribución para que el SNS sea aún más público, por encima de todo. Disfrutemos pues de nuestra Sanidad pública porque, pese a todos sus defectos, dificultades y debates, seguirá siendo pública durante muchos años más.

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