FÉLIX LOBO Y LOS CALLOS

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Félix Lobo: las reformas son para después del ejercicio político. (Correo Farmacéutico)

El futuro del Sistema Nacional de Salud (SNS) pasa por la Reforma, en mayúsculas, o bien por infinidad de reformas pequeñas, pero continuadas, que puedan ir encauzando poco a poco los notables desequilibrios de nuestra Sanidad. Así lo cree también Félix Lobo, ayer alto cargo de la Administración, hoy profesor emérito de autoridad contrastada. A su juicio, reformar supone lastimar intereses, pisar callos a muchos y variados agentes del SNS que, desde luego, no van a sonreír precisamente cuando esto ocurra.

Con motivo de la presentación de su libro La economía, la innovación y el futuro del SNS español, Lobo le ha explicado a Correo Farmacéutico su descriptiva teoría: “Las reformas urgentes obviamente van a tocar muchos intereses, [van a] pisar muchos callos, desde la industria a los trabajadores, desde los profesionales al personal estatutario; pero son necesarias”. Entre sus propuestas, algunas clásicas –repensar los criterios de gestión, reestructurar el gasto- y otras más novedosas –insistir en campañas de prevención, visto el resultado obtenido en la deshabituación tabáquica y en la reducción de accidentes de tráfico-. Pero, por encima de todo, cambiar la cultura asistencial. Es decir pisarle los callos a muchos. Por no decir otra expresión aún más directa y bastante más ordinaria.

Editada por Funcas, la obra de Lobo plantea la pregunta de si es posible labrar un futuro sostenible para un SNS innovador compatibilizando nuevas tecnologías y medicamentos con la viabilidad financiera, partiendo del hecho indiscutible de que la sanidad es la segunda o tercera partida de gasto público en España. En este sentido, el crecimiento económico del país se convierte en el factor fundamental para el progreso del SNS, pero desde luego no en el único. Y aquí es donde entran las reformas o más bien pisar los callos del más pintado.

El que fue director general de Farmacia del Ministerio de Sanidad en la década de los ochenta, identifica cuatro tipos de problemas en el SNS: una particular cultura sobre el Estado del bienestar y el gasto público que favorece el derroche; la desintegración de los niveles asistenciales, incluyendo atención primaria, especializada, cuidados de larga duración y servicios sociales; la gestión de los recursos humanos y su incentivación, y la falta de aplicación sistemática de evaluación en tecnologías sanitarias y servicios.

En su propuesta de futuro, destaca un plan estratégico con dos líneas de actuación: disminución de la carga financiera del SNS, gastando menos, no a través de los recortes, sino con actividades de promoción de la salud y prevención de enfermedades, y aumento de la eficiencia para gastar mejor. Señala también a su antigua casa, el Ministerio de Sanidad, como la Administración competente para impulsar las reformas, en colaboración con las comunidades autónomas, “porque la sostenibilidad no es un problema de una región u otra, sino del conjunto del SNS”.

Ciertamente, es bueno que sigan apareciendo voces que pidan expresamente la adopción de cambios y transformaciones estructurales en el SNS, aunque quede también demostrado una vez más que es más fácil pisar callos cuando estás fuera de la Administración. Todavía seguimos a la espera de ese político en activo que, como director general de Farmacia o como el mismísimo ministro, se dedique a pisar los callos de todo agente sanitario que se ponga por medio.

 

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