COFARES, FENIN Y LA TRANSPARENCIA

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Margarita Alfonsel y Carlos González Bosch. (Redacción Médica)

La transparencia marca el inicio de año en dos grandes organizaciones sanitarias, por muy diferentes motivos. Si la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin) comienza a aplicar un código ético que refuerza su compromiso con la independencia de los profesionales, la distribuidora farmacéutica Cofares ha tropezado con una grave crisis institucional y una evidente lucha por el poder en los que las buenas prácticas serán un factor importante para determinar vencedores y vencidos. No hace mucho, a estas dos entidades, como a tantas otras, solo se las medía por sus resultados económicos y por el mayor o menor acierto con el que desempeñaban sus cometidos fundacionales. Ahora, la reputación orienta el futuro, para bien o para mal, más allá de los logros objetivos.

Fenin no quiere la menor sombra de duda respecto a su relación con la formación de los médicos. De ahí que las compañías, a partir de ahora, destinarán sus ayudas a través de instituciones, organizaciones y sociedades científicas. “La industria ya no podrá, bajo ningún concepto, elegir al beneficiario”, ha proclamado Margarita Alfonsel, secretaria general de la patronal. Cabe pensar con lógica que este nuevo tiempo, muy bienvenido, vendrá a sustituir a prácticas anteriores en las que seguramente ocurría con frecuencia y normalidad que las empresas decidían sin pudor alguno y con insuficientes argumentos a qué profesional médico otorgaban ayudas y cuál no. Y durante mucho tiempo, quizá demasiado, esto se ha hecho así y no ha parecido importar a nadie.

En el nuevo universo de las ayudas a la formación médica, las empresas pondrán el dinero, como hasta ahora, pero suya ya no será la responsabilidad de dirimir quién recibe y quién no. Serán las sociedades científicas las que asuman este nuevo y complicado papel para el que seguramente necesitarán sus propios códigos éticos y normas de transparencia. En su condición de entidades sin ánimo de lucro y depositarias de la necesaria actualización de los conocimientos de la comunidad médica, parecen las más apropiadas para ello, aunque tampoco es creíble pensar que en este nuevo proceso las empresas serán meros convidados de piedra que, además, terminarán por pagar la cuenta.

En Cofares, el reparto de la vacuna Bexsero ha abierto una sorprendente lucha por el poder solo unos meses después de que el anterior presidente, Carlos González Bosch, hubiera cedido su testigo con aparente orden y tino a su vicepresidente Güenechea. Nada más lejos de la realidad. Hasta siete consejeros, según Crónica Global, quieren derribar al presidente y abrir una nueva etapa en la cooperativa a partir de la convocatoria de una imprevisible asamblea extraordinaria que se celebrará en febrero. Parece otra pugna más que afecta a la vida interna de una reputada organización sanitaria, que no es la primera ni será la última. Pero hay algo más.

De la distribución irregular de la vacuna se habrían beneficiado familiares de algunos de los cargos directivos bajo sospecha, incluido un consejero. De ahí que el aún presidente Güenechea haya querido abrir una amplia investigación al respecto, que es la que no parece tener el respaldo de todo su Consejo, e incluso prohibir la contratación de familiares directos de miembros del órgano superior de gobierno de la distribuidora. Este propósito puede haber puesto en alerta a esos consejeros díscolos, que no querrían cambio alguno en estas prácticas, pese a que no están precisamente en la órbita de la transparencia. Otros medios, como El Global, hablan a las claras de pérdida de confianza en Güenechea y parecen entender, y compartir, las intenciones de los consejeros discrepantes.

Sea como fuere, y los socios de Cofares tendrán que decidir al respecto, lo que se dirime es la manera en la que se debe gestionar una organización de este alcance e importancia en el funcionamiento de un servicio tan esencial como el farmacéutico. Si con unas normas claras y precisas, a disposición del colectivo representado, o con la inercia de tiempos pasados, en los que las incógnitas campaban a sus anchas y las certezas solo correspondían al ámbito exclusivo de unos cuantos. Igual que Fenin ha comprendido que las dudas sobre sus procedimientos no podían mantenerse más, Cofares y sus directivos deberán asumir que solo la transparencia permitirá solucionar la crisis actual de la manera más conveniente para toda la organización. Aunque algunos intereses particulares, los que sean, queden definitivamente dañados.

 

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