BACTERIAS MULTIRRESISTENTES: ANTE TODO, AUTOCRÍTICA

Representantes de la Seimc, en la presentación de su Congreso anual. (Miguel Berrocal)

¿Cómo es posible que de vislumbrar el final de las bacterias, a principios de la década de los 90, por la gran capacidad de fabricar y desarrollar antibióticos, hayamos pasado en menos de 30 años a vivir una auténtica amenaza mundial de salud pública debido a las resistencias? Ciertamente es una terrible paradoja, que tiene sumamente preocupados a los profesionales agrupados en la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc), reunidos desde hoy con motivo de XXIII Congreso Nacional. El presidente José Miguel Cisneros ha hablado claramente de autocrítica, pero no sólo profesional, sino también política, administrativa y hasta ciudadana.

El consumo de antibióticos sin ninguna causa que lo justifique señala al profesional que los usa y prescribe excesivamente. Pero hay más responsables de que las bacterias multirresistentes se hayan convertido en una amenaza de salud pública de primera magnitud, en el mundo y muy particularmente en España, donde 26.000 personas morirán este año por infección de este tipo. “Estos resultados obligan a las autoridades sanitarias, central y autonómicas, a poner los recursos necesarios para hacer frente a este reto”, sostiene Cisneros, que recuerda la existencia de una buena herramienta de gestión (el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos). Eso sí, si estuviera correctamente financiado, como suele ocurrir en la mayoría de estos documentos. Finalmente, los ciudadanos también tienen su cuota de responsabilidad, en seguir las medidas de prevención, empezando por las más básicas como el lavado de manos, hasta el mantenimiento de las que más resultados han mostrado, como las campañas de vacunación, pese a los mensajes que se escuchan últimamente en su contra.

La Seimc cree que el momento es crucial para elevar la atención a las enfermedades infecciosas, “porque los españoles tienen derecho a ser atendidos por especialistas, igual que cuando tienen una patología cardiaca, son atendidos por un cardiólogo”, asegura Cisneros. Sin embargo, la especialidad médica no existe, y la formación de estos profesionales, microbiólogos e infectólogos, tiene mucho de autodidacta y nada de formación reglada: “Parece casi un error administrativo”, dice Rafael Cantón, presidente del Comité Científico del Congreso, pero no lo es; hay una decisión que respalda este vacío y que, dicho sea de paso, no solo afecta a las enfermedades infecciosas sino también a otras áreas de la Medicina que tampoco son especialidades.

El vicepresidente Jordi Vila insiste en la necesidad de redoblar esfuerzos contra las resistencias a los antibióticos, ya que los microorganismos están cambiando permanentemente: “Hace diez años, nadie pensaba que el virus del zika pudiera llegar a España. Ni tampoco en los rebrotes del sarampión”. Con todo, España es una referencia en Microbiología e Infecciones y su producción científica es de las mayores de todo el mundo, lo que no ocurre en casi ninguna otra especialidad.

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